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Publicado en ECCUS el 5 de noviembre de 2009
Es verdad que en nuestras universidades hay muchas cosas que no
funcionan. No en todas hay suficientes puestos en las bibliotecas, a
veces ni siquiera hay bancas para todos cuando empieza el curso...
Incluso hay profesores que incumplen, que no reciben a sus alumnos, que
no están en los horarios de tutorías o que faltan demasiado a sus
clases. También hay autoridades académicas pasotas que ni oyen ni se
preocupan de veras por los asuntos que tienen en sus manos.
Es
verdad que hay de todo eso. Como también lo es que hay muchos
servicios, quizá la mayoría, que suelen funcionar bastante bien y con
eficacia y rendimiento.
Pero lo que quiero destacar hoy es que
muchas de las cosas que no funcionan bien se podrían resolver, la
mayoría de las veces incluso fácilmente, si quienes sufren el mal
funcionamiento fueran algo más decididos a la hora de informar de los
fallos y de denunciar los incumplimientos.
Mi experiencia me
dice que, por el contrario, predomina cierto pasotismo, la idea de que
ante lo que está mal no se puede hacer nada. Y también que nos cuesta
trabajo levantar la voz y exigir, reclamar nuestros derechos y poner de
evidencia a quien hace mal las cosas. Me consta que muchísimas veces
las autoridades académicas ni siquiera son conscientes de lo mal que
puedan estar funcionando algunas cosas o servicios que tienen a su
cargo. No trato de exculparlas cuando puedan estar fallando en su
obligación de vigilar y prevenir. Por supuesto que no. Me refiero a
que, si bien es cierto que debemos exigirles que estén al tanto, su
labor será siempre limitada si, al mismo tiempo, no asumimos el
compromiso de denunciar y rebelarnos frente a lo que está mal o es
injusto.
Y eso creo que es lo preocupante. Si un responsable no
actúa bien siempre podremos sustituirlo y poner en su lugar a otra
persona. Pero si lo que ocurre es que no tenemos osadía ni valor
suficiente para dar la cara, si apenas nos importa lo que es de todos y
ni siquiera nos molestamos en hacer frente a lo que particularmente nos
interesa, el problema es otro. Si nos comportamos como cobardes, si
respondemos mirando a otro lado ante el abuso, la mediocridad, las
chapuzas o la irresponsabilidad de otros, al menos, seamos conscientes
de que somos nosotros los que necesitamos un buen arreglo.
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