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Acaba de publicarse en Sistema Digital el artículo mío que transcribo abajo en el que comento la extorsión a la que está siendo sometido el gobierno de España, como tantos otros en otros tiempo y lugares. No debemos consentirlo.
Responder a la extorsión
Los financieros, los bancos y las agencias de rating que
trabajan para ellos provocaron una crisis gigantesca. Para poder ganar más
dinero influyeron de mil modos sobre los gobiernos y consiguieron que éstos y los
bancos centrales cambiaran las normas legales e hicieran la vista gorda ante la
acumulación ingente de riesgo que soportaban para ampliar sin cesar sus
beneficios. Impusieron un modo de producir y de repartir desequilibrado e
irracional, alimentando una burbuja detrás de otra. Y terminaron por quebrar y
descapitalizarse. Obligaron entonces a que los gobiernos intervinieran y
pusieran a su disposición billones de euros. Gobiernos, como el español, que
hasta entonces incluso habían tenido superávit presupuestarios tuvieron que
endeudarse. Los financieros y los bancos, con el apoyo de las agencias de
rating que trabajaban para ellos, suscribieron esa deuda en gran parte con el
dinero que los propios gobiernos y bancos centrales les daban para salvarlos de
la quiebra y para lograr que así refluyera el crédito, cuya carencia había
provocado la paralización de la actividad económica, el cierre de miles de
negocios y el desempleo. Pero a los financieros, a los bancos y a las agencias
de rating que trabajan para ellos solo les importa recuperar sus inversiones al
coste social que sea y con la mayor seguridad y rapidez posible, así que no
utilizaron esos recursos para ello sino para ganar enseguida más dinero. Se
dispusieron entonces a presionar a los gobiernos y a los bancos centrales para
que estos actúen con el único fin de que sus inversiones en la deuda estén
seguras y puedan recuperarlas lo más pronto posible sin tener que cargar con el
coste de la crisis que ellos mismos habían provocado. Y como llevan haciendo
todo esto desde hace mucho tiempo tienen ya el poder suficiente como para
conseguir que esa sea, efectivamente, la secuencia de los hechos una vez y
otra. Si el gobierno va por otro lado las presiones se desatan. Si hace lo que
les conviene, la patronal o algún gran banquero le concederá algún momento de
respiro.
Esta es la historia y parece que el presidente Rodríguez
Zapatero lo ha podido comprobar directa y personalmente en su inoportuna visita
a la Cumbre de Davos.
Hablemos claro: los financieros, los bancos y las agencias
de rating que trabajan para ellos están extorsionando al gobierno de España. Lo
están llevando al terreno que ellos quieren y al que les conviene: el de la
improvisación, el de la renuncia a sus propuestas anteriores y a sus compromisos
electorales, al que lo separa de sus socios naturales y de su base electoral,
el que lo llena de contradicciones y lo deja , no hay más que verlo, como un
boxeador inexperto bamboleándose de un lado a otro de la lona.
Lo que buscan es derrotarlo fuera de las urnas haciéndole
que quede a la deriva y que salten por los aires sus alianzas con los
sindicatos y con el electorado para poder imponerle así políticas que saben que
nunca podrían aplicarse si se tuvieran que decidir mediante una confrontación electoral
democrática.
Los ciudadanos deben saber que los financieros, los bancos y
la gran patronal, con la ayuda de los economistas liberales y de los organismos
financieros que trabajan para ellos, no le están imponiendo al gobierno de
España la salida a la crisis, como todos ellos dicen, sino la respuesta a la
crisis que mantiene sus privilegios, que garantiza que puedan seguir teniendo
cantidades ya inmorales de beneficio y que deja que las cosas sigan como
siempre han estado. Pero esa es justamente la salida de la crisis que volvería
a provocarla de nuevo.
Es sencillamente falso que para crear empleo, como dicen la
patronal y los economistas liberales, haya que actuar solamente en los mercados
de trabajo. Sin perjuicio de que haya que procurar que haya un marco adecuado
de relaciones laborales (que no puede ser simplemente el que da todo el poder a
los empleadores) lo que hay que procurar para ello es recuperar la demanda y
los mercados de bienes y servicios. ¿De qué les va a servir a los empresarios
que los salarios sean más bajos si luego no disponen de mercados con demanda
efectiva suficiente donde puedan vender las mercancías que producen? ¿O es que
quieren que España se limite a competir a la baja convertida en una economía
barata al servicio del capital extranjero?
Por eso, reducir los derechos sociales, precarizar aún más
el empleo, disminuir los salarios, renunciar al gasto público y social que se
precisa para apoyar un modelo productivo que consolide a la economía española y
a una fiscalidad más justa y que generase otro tipo de incentivos a los sujetos
económicos, solo dará lugar a que los más ricos lo sean cada vez más y a que la
economía española se consolide como una economía de segunda, desvertebrada,
dependiente y simplemente especializada en proporcionar bienes y servicios de
baja calidad. Pero así nunca se podrá conseguir que la economía española
despegue y se modernice definitivamente, que disponga de un mercado interior
más potente (algo que en realidad no le importa a los Adolfo Domínguez y
compañía que tienen a su disposición mano de obra siempre más barata y mercados
selectos en cualquier otra parte del mundo), que se reindustrialice, que genere
empleo de calidad y renta suficientes para todos y que no tenga que dedicarse a
actividades que destrozan nuestro medio natural e hipotecan el bienestar de las
generaciones futuras. Esa no es una verdadera salida de la crisis.
La situación a la que ha llegado el gobierno es difícil,
sobre todo, cuando se encuentra además con las restricciones que impone nuestra
presencia en la Unión Europea. Ha renunciado a tener un proyecto económico
propio al convertir al partido que lo sostiene en una claque en lugar de
servirse de su organización como fuente de pensamiento y de propuestas
alternativas. Y ha puesto el diseño y la ejecución de la política económica en
manos de personas que explícitamente defienden y proponen las medidas que
reclaman la patronal empresarial y bancaria. Así, y cediendo a la extorsión de
los mercados, será muy difícil que cuente con el apoyo de los sindicatos y
perderá lentamente el de todos los ciudadanos hasta el punto en que la
situación puede llegar a ser insostenible.
El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero necesita el
apoyo de los ciudadanos que no queremos una España de resabios franquistas,
incapaz de convivir plenamente con las libertades civiles y controlada por los
mismos grupos oligárquicos de siempre. Pero no es lógico que reclame ese apoyo
gratuitamente y mientras pone en marcha políticas que en realidad solo benefician
a estos grupos.
En una situación tan delicada como la actual, sería
necesario que los ciudadanos supieran quién ha provocado de verdad la crisis y
por qué, quién ha puesto las bases para convertir a la economía española en un
espacio productivo tan débil y vulnerable y por qué, y qué se logra de verdad
con unas medidas políticas o con otras. Con la fuerza de su propio partido, de
otros que sin duda podrían y deberían apoyarle en ese camino, de los sindicatos
y del más directo de los propios ciudadanos, el Gobierno podría estar entonces
en condiciones de proponer un equilibrio diferente a la sociedad española, un
pacto de rentas frente a una situación excepcional, y tratar así de hacer
frente de otra forma a las dificultades derivadas de la actual conformación y
equilibrio de poderes en la Unión Europea, algo que nos está resultando muy
desfavorable por su propia naturaleza y por nuestra falta de proyecto propio.
Hace unos meses escribía Nicolás Sartorius que lo que se
necesita es "modificar la dirección de la historia de España en términos
económicos" y que ello "exige un nuevo contrato y unas nuevas reglas.
Un contrato donde se especifique lo que cada parte debe aportar -y no
realidades frente a promesas- y nuevas reglas que impidan, en lo posible, que se
repita dentro de un tiempo el mismo desastre, acrecentado" (EL PAIS
28-10-2009).
En un esfuerzo de ese tipo, que naturalmente ni sería fácil
ni tampoco apoyado gratuitamente por nadie, el gobierno de Rodríguez Zapatero
podría encontrar un nuevo y decisivo impulso. Si no lo hace, es fácil adivinar
lo que va a ocurrir.
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