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El gobierno de José
Luis Rodríguez Zapatero viene haciendo aguas desde hace meses precisamente como consecuencia de fallas
en la política social y de igualdad que con tanto ahínco ha querido promover.
Ideas y medidas claramente contrarias al ideario y la
práctica socialdemócrata y más propias del liberalismo (como las de los 400
euros o el cheque bebé, la eliminación de impuestos y la creencia de que
bajarlos es bueno para las rentas más bajas y para el conjunto de la economía),
leyes ambiciosas pero sin financiación adecuada (como la integral de violencia
de género o la de dependencia) y errores garrafales en la previsión de la
coyuntura y en el reconocimiento de la crisis han ido haciendo mella en su
liderazgo a lo largo de los últimos meses y lo están llevando al desastre en
las últimas semanas. Incluso alguna encuesta indica que Zapatero tiene en estos momentos peor valoración que la que tenía Aznar en plena guerra ilegal de Irak. Ya es decir.
Pero los errores de Zapatero en política económica y social no han sido solo puntuales. Me
parece que a lo algo de su periodo de gobierno hay otros muy graves de fondo y
que pueden llevar a su partido a un desastre electoral sin precedentes si no
cambia de rumbo, algo que no sería nada bueno para los sectores sociales más
desfavorecidos si solo representa una derrota del PSOE que no venga acompañada
de una regeneración de su propio partido y de las organizaciones de izquierda.
Con independencia de los coyunturales que ha ido cometiendo
en estos años últimos, los errores principales que yo creo que ha cometido
Zapatero en el plano socio económico son los siguientes.
El primero, no ser consciente de que un gobernante con
limitaciones en el liderazgo personal, sin gran capacidad de análisis e
intelectualmente limitado necesita a su lado equipos muy potentes. Todo indica,
por el contrario, que Zapatero ha decidido siempre a partir de sus propias
intuiciones o de las de un grupo muy reducido de personas, muchas veces, sin
que sus propios ministros o equipos más amplios de asesores supieran por dónde
iban los tiros. Eso explica que se hayan tomado decisiones como las que he
mencionado y que meses más tarde ha habido que abandonar, o que haya sido tan
torpe y actuado tan equivocadamente como lo ha hecho frente a la crisis,
careciendo a estas alturas de la mínima credibilidad que necesita un
gobernante.
El segundo, el haber recurrido, cuando lo ha hecho, a
equipos en donde los liberales predominan de modo absoluto. En el campo
económico y social se ha desprendido de socialdemócratas o socialistas
coherentes como Jordi Sevilla, Jesús Caldera o Cristina Carbona, entre otros,
para preferir los consejos de liberales como Miguel Sebastián, David Taguas
(que de la Oficina económica de ZP pasó significativamente a la patronal de la
construcción) y, en general, de los que forman la plantilla de esta última.
¿Cómo se puede pensar que es posible hacer política socialdemócratas cuando la
doctrina en la que uno se inspira es claramente liberal?
En tercer lugar, creo que Zapatero ha cometido el error de
creer que se puede llegar lejos en política social dejando que la política
económica se oriente fundamentalmente a salvaguardar un marco productivo predominantemente dominado por el mercado desregulado y la especulación. No parece que Zapatero
haya tenido en cuenta que cuando es así, o se incurre en un coste muy grande
que hay que financiar convenientemente (con políticas fiscales a las que ha
renunciado) o simplemente se diseñan medidas que luego no se pueden llevar a la
práctica, lo que tarde o temprano hace que la gente se frustre y pierda
confianza en el gobierno que las ha vendido como grandes avances sociales.
Basta hablar con las docenas de miles de familias que están pendientes de las
prometidas ayudas a la dependencia para confirmar lo que digo.
El error estratégico de Zapatero en este sentido fue el no
haber aprovechado la etapa de expansión para promover el cambio productivo que
ha querido fomentar justo cuando la crisis echaba por tierra la posibilidad de
impulsarlo con éxito. No puede decirse que en este aspecto cambiara el rumbo
anterior que sobre todo había fortalecido el Partido Popular en la etapa de
Aznar sino que lo reforzó.
En cuarto lugar, Zapatero no parece que haya calibrado bien
que la política socialdemócrata que yo creo que él sinceramente ha querido
llevar a cabo es muy difícil que pueda ser aplicada cuando en Europa se
establece un corsé tan rígido orientado, precisamente, a dificultar esas
políticas. Yo creo que el error en este campo de Zapatero ha sido el no haber
actuado con más beligerancia, sobre todo en los años de expansión, contra estas
políticas europeas que tanto daño han hecho y que han coadyuvado a que la
crisis ahora sea tan grave. Al revés de ello, las ha suscrito fielmente y ha
hecho suya la cantinela de la estabilidad, del 3% de déficit y de la necesidad
de rebajar impuestos, lo que le ha atado de pies y manos y ha hecho que ahora
sea esclavo de sus propias decisiones anteriores.
Finalmente, me da la impresión de que ni Zapatero ni sus
asesores han contado con algo esencial: las políticas socialdemócratas de
bienestar (que en tantos aspectos han sido positivas y proporcionado mejores
condiciones de vida a millones de personas) son siempre el resultado de un
pulso ganado al capital y a los grandes poderes financieros e industriales.
Nunca se conquistan como algo gratuito frente a estos últimos y mucho menos en
esta etapa neoliberal en la que tienen una fortaleza tan extraordinaria. No hay
manera de que los gobiernos las lleven a cabo si no cuentan con suficiente y
explícito respaldo social. Y cuando la sociedad está desmovilizada y sin fuerza
son materialmente inalcanzables en la práctica. El error de Zapatero ha sido el
de destruir la capacidad movilizadora de su propio partido.
Con ZP el partido socialista ha alcanzado el máximo nivel de gubernamentalización. Realmente, no existe el partido socialista, todo lo
decide su dirección y dentro de ella Zapatero. Basta oír a la derecha e incluso
a los propios dirigente socialistas: solo hablan de lo que hace o deshace ZP,
olvidando, porque él mismo parece haberlo olvidado, que detrás de él hay más de
10 millones de votantes y miles de afiliados de un partido que es (o que debería ser) la inteligencia
y la fuerza colectivas que lo sustentan. Si Zapatero se hubiese encargado de
hacer ver que detrás de él hay tanta gente y tanta fuerza, en lugar de
desmovilizar y desarmar a su propio partido, la derecha no se atrevería a decir
de él las cosas que dice. Pero ha renunciado a la fuerza y al apoyo social, ha
dejado la calle y la movilización ciudadana a la derecha y ahora no le queda
otra cosa que aguantar él solo el chaparrón, arrastrando en el naufragio a su
propio partido.
Es verdad que esto es algo que no solo practica Zapatero
dentro de su partido, sino que se reproduce hacia abajo a todos los niveles
(antes de celebrarse el congreso andaluz, el presidente de la Junta de
Andalucía reclamaba un partido y una ejecutiva hecha “a su medida”, una
auténtica aberración política y democrática pues, en todo caso, son los
gobernantes quienes deberían estar hechos y actuar a la medida de su partido).
Pero lo cierto es que quien ha encabezado ese proceso y quien lo ha llevado a
su máxima y más paralizante expresión ha sido José Luis Rodríguez Zapatero como
secretario general del PSOE.
La socialdemocracia no puede basarse, como ha ocurrido con Zapatero,
solo en la imagen de un líder, por muy necesaria que ésta sea. Cuando la
socialdemocracia se limita a confiar en el poder de una imagen de marketing,
cuando no crea y fortalece una ciudadanía que suscribe, defiende y se moviliza
por los avances sociales de las políticas socialdemócratas, y que cree y hace
suyos sus valores y aspiraciones, la socialdemocracia (como en realidad
cualquier otra política que se disponga a enfrentarse a los poderes
establecidos) fracasa estrepitosamente. Así es necesariamente porque desmovilizar a la sociedad que
puede apoyarla significa que no se va a tener fuerza frente al poder económico
para llevar a cabo las políticas socialdemócratas.
Ahora, como ocurre siempre que la socialdemocracia fracasa,
Zapatero está de rodillas a los pies de los poderes económicos: la ciudadanía
que confiaba se pregunta para qué sirve que gobierne un partido socialista si
la política que aplica es la de la derecha. Y por eso le da la espalda.
No es bueno que la socialdemocracia española se hunda y que
los miles de socialistas que honestamente quieren transformar la sociedad dejen
de tener influencia y capacidad de decisión, pero para evitar el desastre es
imprescindible que tomen nota de la lección. Es necesario que sean conscientes de que no se puede transitar sin peligro por cualquier camino y que quien alimenta a un cocodrilo es muy posible que termine devorado por él.
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