Economía y democracia: poner en su sitio a los mercados PDF Imprimir E-Mail

Publicado en Temas para el Debate nº 189-190, julio-agosto de 2010

Se puede discutir si la democracia de nuestros días es auténtica, si realmente proporciona a los individuos capacidades efectivas para participar e influir en la toma de decisiones sobre los asuntos que le interesan. Pero lo que parece indiscutible es que no alcanza a la economía o que, al menos, no lo hace en el grado suficiente como para permitir que la ciudadanía se pronuncie y decida sobre las cuestiones económicas que más directamente afectan a su vida. Y también lo es que esto se ha hecho especialmente manifiesto en los últimos tiempos.
La crisis que estamos viviendo es una buena prueba de la gran limitación que tienen nuestros sistemas democráticos en este aspecto cuando nos permite comprobar que los gobiernos son materialmente impotentes frente a los grandes poderes económicos y financieros y que estos imponen sin apenas dificultades sus preferencias a los poderes representativos, sin que los ciudadanos apenas podamos pronunciarnos, en el marco de los mecanismos democráticos al uso, para evitarlo.
De hecho, incluso se ha popularizado el término “los mercados” como expresión de esa instancia todopoderosa de donde nacen las determinaciones que inevitablemente hay que respetar en materia de política económica y a las que se subordina cualquier otra preferencia social o gubernativa, no ya porque se considere menos deseable sino porque con las reglas de juego existentes sería imposible que se pudiera poner en práctica.
Se le pueden dar muchas vueltas a los argumentos pero me parece que a fuer de ser sinceros no cabe más remedio que reconocer que las medidas económicas que está tomando el gobierno español y que los parlamentarios que lo sostienen aprueban sin rechistar, claramente opuestas a su ideario, a sus promesas electorales e incluso a las propuestas hace solo unos meses, son medidas impuestas que el gobierno no hubiera adoptado ni su grupo parlamentario admitido si hubieran podido actuar con autonomía y plena capacidad de decisión, si hubieran podido mantener sus preferencias y voluntad sobre la de los poderes financieros.
Y cuando esto ocurre en materias tan decisivas para el bienestar social y para la vida cotidiana de las personas, cuando se puede vencer de esta forma el deseo popular expresado en las urnas y cuando los poderes representativos no sirven para llevar a la práctica lo que desean los ciudadanos que los han elegido es muy difícil aceptar que se vive en una democracia.
Naturalmente, las causas que han ido produciendo este fenómeno degenerativo son variadas y complejas pero, en lo que afecta más directamente a la economía, creo que se podrían resumir en las siguientes que se entrelazan entre ellas.
En primer lugar, la progresiva generalización de unas normas y reglas de juego que han llegado a provocar que los gobiernos, como poder a quien le corresponde ejecutar la preferencia social expresada en las urnas, pierdan casi totalmente su capacidad de acción y autonomía. La libre movilidad de los capitales, los paraísos fiscales, el proteccionismo comercial aplicado solo por los países ricos que a su vez obligan a que los más pobres se desarmen completamente, la desregulación progresiva que trata igual a los desiguales han facilitado la consolidación de grandes grupos empresariales y la configuración paralela de un sistema de "poderes de apropiación", en expresión de Pearson, que concentra en muy pocas manos la capacidad efectiva de decisión. Formalmente, un gobierno podría (aunque ni siquiera en todo caso) subir o bajar impuestos, dedicar más o menos gasto a satisfacer las necesidades sociales, establecer controles, regular los negocios en la forma en que mejor convinera a sus electores y por tanto a la mayoría de la sociedad, pero si al hacerlo lesiona los intereses comerciales o financieros de los poderosos los capitales saldrían del país, sufriría sanciones y se enfrentaría así a problemas bien graves.
En segundo lugar, el enorme poder de decisión concedido a instituciones en las que no está representada la voluntad ciudadana y que directa o indirectamente responden a intereses corporativos, financieros o de minorías poderosas, como ocurre, por ejemplo, con el Fondo Monetario Internacional, con los bancos centrales o, en el ámbito privado, con las agencia de calificación.
En tercer lugar, la inexistencia de instituciones con capacidad material para intervenir en los procesos de toma de decisiones más importantes que hoy día se resuelven a escala supranacional. Unas veces, porque son espacios cuasi informales, como las cumbres del G-8 o G-20, otras porque no se utilizan los que podrían jugar ese papel, como las Naciones Unidas, y en la mayoría de las ocasiones porque se decide desde espacios difusos y en la práctica desinstitucionalizados.
En cuarto lugar, porque todo lo anterior da lugar a que no exista una agenda social de deliberación sobre las cuestiones económicas. Se ha conseguido que éstas se consideren como asuntos sobre los que no cabe no ya el pronunciamiento sino ni siquiera la discusión ciudadana. La posible variedad de respuestas a los problemas que tienen que ver con el modo de organizar la vida económica, con el reparto de la riqueza o el uso y disfrute de los recursos no se considera que sea algo que tenga que ver con las preferencias públicas, es decir, con la política y, por tanto, para los que no es preciso establecer sistema democrático alguno.
Finalmente, junto a estas dimensiones macro, hay también limitaciones sustanciales de la democracia en relación con las cuestiones económicas que tienen que ver con su expresión microeconómica y que nace de dos circunstancias diferenciadas. Por un lado, la naturaleza jerárquica y asimétrica de las relaciones que por regla general se dan en el interior de las empresas basadas en la contratación de trabajo asalariado. Y, por otra, la desigual disposición de información sobre los procesos en los que toman parte los sujetos económicos y que lógicamente implica un distinto privilegio y una igualmente desigual capacidad de decisión que condicionan decisivamente sus respectivas posibilidades de satisfacer sus necesidades o de rentabilizar la inversión de recursos que hayan realizado.
Todo este conjunto de circunstancias tiene un doble tipo de consecuencias.
Por un lado, la inexistencia real de democracia económica implica una degeneración sustancial de la democracia política, con las implicaciones de todo tipo que esto último tiene y a las que no voy a referirme ahora.
Por otro lado, la existencia de una auténtica dictadura de los mercados o de los grandes poderes económicos y financieros, como queramos llamarlos, también tiene implicaciones evidentes en materia estrictamente económica: la desigualdad creciente, la concentración progresiva y la desaparición de la competencia, y la generación de un modelo productivo de grandes y perturbadoras asimetrías, entre sectores, entre sujetos, entre espacios, entre formas de actividad económica, entre lógicas de rentabilización de capitales... Un modelo intrínsecamente inestable porque al mismo tiempo que agudiza los desequilibrios disminuye las instancias de negociación y de contrapoder.
La ausencia de democracia es causa de la inestabilidad y las respuestas a la inestabilidad bajo la dictadura de los mercados vuelven a alimentar soluciones que debilitan la democracia. Así que la clave radica, por tanto, en cómo romper ese nudo gordiano que atenaza a nuestras sociedades, que paraliza a los gobiernos y que solo da alas a quienes disfrutan de privilegios y de poderes desproporcionados.
Evidentemente eso solo se puede lograr estableciendo normas que obliguen a tomar las decisiones en el espacio del poder representativo y no en los mercados. Para ello, lo que sería preciso hoy día es atacar allí donde justamente se originan las fallas más importantes de las democracias dando la vuelta a los procesos que las políticas neoconservadores que las han propiciado en los últimos años: regulando con firmeza las relaciones comerciales y financiera sencillamente para someter las decisiones a la voluntad de la ciudadanía en cualquiera que sea el ámbito de la actividad económica. Eso y no otra cosa es la democracia. Y para ello es imprescindible sujetar a los capitales, por en su sitio a los mercados para que estos no sustituyan al espacio de la democracia representativa.
Aunque la agenda en este campo es bien amplia, hay temas centrales y más urgentes que otros para poder avanzar en ese sentido: poner fin al régimen de libertad de movimientos de los capitales rechazando de una vez el falso argumentario librecambista con que se regula y legitima el comercio internacional, considerar que la financiación de la economía es un bien público y no puede estar en manos de la banca privada o de los bancos centrales independientes del poder político, establecer un marco internacional de relaciones laborales en la línea de lo que recomiendan organismos como la OIT y que garantice el equilibrio en la negocación y la protección de las partes más débiles, o constituir o reconstituir organismos democráticos internacionales dotados de poder efectivo. 

Comentarios
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Capitalista (Unregistered) 2010-07-27 13:44:01

Si yo fuera a una institución financiera o crediticia a pedir un préstamo y se me denegara, ¿la culpa también la tendría el Mercado?, ¿si se me exigieran garantías y avales para su consecución la culpa también la tendría el Mercado?, ¿por qué los Estados-suma de los ciudadanos de una sociedad- deben de estar al margen y diferenciarse de cualquier particular cuando acuden a los mercados para financiarse?, ¿es ético que los Estados endeuden a generaciones que todavía no han visto la luz?, ¿lo sería para el caso de un particular?

Afortunadamente, los Estados están sometidos a los mercados, es decir, a los ciudadanos.El poder político, nuestros representantes, se encuentran maniatados cuando de temas de dinero y de deuda se trata.Como los gobernantes tiran con pólvora ajena , nuestra, tienden al despilfarro de los recursos que se nos detraen por vía impositiva.¿cuál es el freno a tamaño dislate?, el sometimiento de su actuación a las leyes del mercado, el sometimiento a los ciudadanos, ¿no es esto acaso una expresión clarísima de la democracia, del poder del pueblo?, ¿se deben comportar los Estados al margen de las leyes, incluso de las leyes del mercado?

¿Alguno de nosotros prestaría dinero a una persona que no nos lo pudiera devolver o que viéramos que es casi imposible que así lo pudiera hacer?.Pues lo mismo ocurre con los Estados cuando recurren al mercado, a nosotros, para financiarse.Porque de otra forma no estaríamos sino creando otra subprime, esta vez con la deuda de los Estados.¿Qué haríamos nosotros si la institución financiera en donde depositáramos nuestros ahorros se dedicara a comprar deuda soberana de un país con claros indicios de impago?, ¿no sacaríamos inmediatamente nuestro dinero de ese banco?, ¿es que acaso los Estados no quiebran?.

El margen de endeudamiento de los Estados como el de los ciudadanos es limitado, y atiende fundamentalmente al nivel de ingresos para hacerle frente.Si, como en el caso de España, los ingresos se han reducido de forma muy importante y no se atisban síntomas de recuperación económica que hagan de nuevo crear empleo para de esta forma reducir el riesgo de default, las medidas del gobierno tendrán que venir de recortes en el gasto del Estado, a no ser que lo que se pretenda es aumentar la deuda y el déficit agravando el efecto del crowding out, es decir, dejando al sector privado sin financiación.Porque no sé ustedes, pero yo destinaré mi dinero a comprar deuda del Estado con una mayor rentabilidad que a otros productos financieros que me den una menor retribución, ¿acaso no hacen lo mismo los bancos?, ¿no es eso un buen ejercicio de administración?, ¿no tienen los bancos que rendir cuentas a sus accionistas como nosotros, los particulares, a nuestras familias?
Viva la ignorancia
José (Unregistered) 2010-07-27 14:29:35

Me canso de mandar tus artículos a mis amigos, compañeros de oposición y profesores de universidad (soy historiador). Pero todos sigue igual. ¿Qué hag mal?
Respondiendo a Jose
Espartaco (Unregistered) 2010-07-27 15:59:40

Respuestas
1)¿Alguno de nosotros prestaría dinero a una persona que no nos lo pudiera devolver o que viéramos que es casi imposible que así lo pudiera hacer? Respuesta Si, cualquiera que sea un amigo de verdad, quiera al otro y pueda hacerlo.
2)Yo, no me considero mercado, ni mucho menos mercancia.
3) "Si, como en el caso de España, los ingresos se han reducido de forma muy importante y no se atisban síntomas de recuperación", Olividas que el gasto se enjuga no solo con no gastar sino tambien con recaudar mas, y a lo que se ha renunciado es a esto ultimo, a perseguir de verdad el fraude fiscal y gravar mas a las rentas mas altas, que, las españolas, son de las que menos pagan de Europa. (Aministia a las cuentas en Suiza y otras triquiñuelas para no pagar de los que si tienen mucho dinero). 4) LOos bancos que han sido causantes en gran medida de la crisis, se benefician netamente de todas las medidas neoliberales del Gobierno. Incluida la re-compra de la deuda, por ellos generada, claro esta
viva capitalista
Indalo (Unregistered) 2010-07-27 16:54:10

Ahi te dejo un enlace, capitalista, por si te quieres ir enterando de cómo funciona el sistema bancario, aunque veo que eres seguidor de la ignorancia y la ceguera.
http://www.youtube.com/watch?v=nF9s3Nub3Bc&feature=related
a José
manje (Unregistered) 2010-07-27 18:31:07

Hola José, he leido tu comentario y olvidas que la mayor parte de la deuda de los estados tiene su origen en las inyecciones de capital a los bancos.

Y no es lo mismo los mercados que la gente, cuando una persona mueve millones de euros en la bolsa, en deuda pública, en depísitos, etc., tiene un poder que yo no tengo.

La democracia era una persona, un voto, el mercado es un euro, un voto, y por lo que los parados y los precarios no decidimos anda.
os equivocáis
José (Unregistered) 2010-07-27 21:09:16

Yo soy ecosocialista, divulgador de los artículos de Juan Torres López. Y no he escrito el artículo, lo ha escrito un tal capitalista. Yo me canso de divulgar los artículo y todo sigue igual.
Socialismo o barbarie
Barto (Unregistered) 2010-07-27 23:50:04

Me permito plantear una variante del símil que Juan utilizaba en su artículo anterior:

¿Qué diríamos si los líderes del mundo permanecieran callados ante ataques de peligrosos enfermos mentales? ¿Aceptaríamos sin más que Rodríguez Zapatero nos dijera que no se puede hacer nada ante el terror ocasionado? ¿Nos parecería normal que los presidentes de los gobiernos se sentaran con ellos para llevar a cabo las medidas políticas que les propusieran?

Siguiendo la línea argumental del símil, yo me referí a que asistiamos a un verdadero terrorismo de estado al servicio de los grandes protagonistas del mercado, pero es preciso aclarar que las reglas del juego que caracterizan la moderna economía de mercado no responden en absoluto al principio de necesidad sino que son el resultado de mentes perversas que han convertido la economía en un escenario lúdico donde se desatan las más crueles pasiones y donde la mayoría de individuos son arrastrados cada vez con más fuerza en detrimento de sus derechos más elementales.
Ninguno de los grandes personajes que lideran la economía de mercado y son responsables de tantos abusos actúa por necesidad de atender pulsiones básicas sino por el lúdico deseo de colmar su ambición.

Yo no definiría el problema en los términos que lo hace Juan, para quien la falta de capacidad de decisión de la mayoría en las grandes cuestiones económicas parece el obstáculo más grave. Para desgracia de quienes vivimos en la economía de mercado, los grandes actores económicos no sólo están decidiendo quién es competente a la hora de regular el sistema financiero o la política macroecnómica sino inclusive nuestro estilo y esperanza de vida, nuestras creencias, nuestras percepciones, nuestros sentimientos o nuestras aspiraciones en la vida.
En cualquier sociedad hay dos opciones básicas: que la economía se ponga al servicio del hombre o que sea el hombre quien esté al servicio de la economía (o de sus actores, que pueden llegar a actuar por móviles perversos y criminales en su sacralizada función). No cabe la menor duda de que el capitalismo responde al segundo modelo, donde la maximización de beneficios está por encima de los derechos humanos, mientras que el socialismo respondería al segundo modelo.
Tendríamos que ser muy ilusos para albergar la esperanza de que un sistema liderado por una mezcla de ludópatas y psicópatas, para quienes no existe responsabilidad social sino incontinencia pulsional, pueda ser regulado mediante normas semánticas solémnemente sancionadas y publicadas.

El elevado desarrollo tecnológico y científico nos brinda hoy la oportunidad de garantizar más derechos a más gente que nunca en la historia de la humanidad, pero también es mayor que nunca el riesgo de que los enfermos mentales, en su desbocado frenesí, acaben con millones de años de evolución.

Juan sigue soñando con la posibilidad de que un cambio en las reglas del juego saque a estos desgraciados de su enajenación mental, pero yo, modéstamente, no lo veo factible sin la inhabilitación y tratamiento psicológico de seres que no controlan sus pulsiones y que han perdido la empatía con sus semejantes (sobre todo con los de clases inferiores). Zelaya lo vió claro cuando, harto de comprobar el mezquino egoismo de la burguesía hondureña, decidió integrarse en el Alba, en el único modelo donde no hay razones para que la economía no esté al servicio del hombre: el socialismo.

Asistimos estos días con estupor a lo que podrían ser los preparativos de un amplio escenario bélico en que, como ocurriera en tiempos de los nazis, ya no son necesarios ni argumentos ni provocaciones del enemigo. Simplemente se toma como propio aquello que se desea porque complace la ambición de unos depravados, de unos enajenados mentales, de unos criminales. Los dirigentes de USA, con el 6% de la población mundial, se creen con derecho a saquear buena parte de los recursos del planeta y a decidir sobre la vida del resto de la humanidad. Si esto no es el resultado de mentes como las de los líderes nazis, que los cronistas imperiales se dediquen a reescribir la historia.
Porque não se demitem
Albertino (Unregistered) 2010-07-28 16:14:49

A actual ordem internacional foi construída com a participação activa dos partidos socialistas. Eles quiseram que assim fosse.

Porque, se eles acham que não podem governar como desejam, porque o fazem? Porque não se demitem?

Não, não! As medidas que o governo toma correspondem plenamente ao seu ideário, ao seu verdadeiro ideário

Manter ilusões sobre os socialistas é um erro crasso, histórico no momento actual. Julgar que aquilo que eles querem é o que prometem nas campanhas eleitorais para caçar votos é uma grande ingenuidade.

Para se ultrapassar a situação actual é necessário perder esse tipo de ilusões.

Lamento, mas os socialistas espanhóis, como os portugueses, os gregos e outros, não passam de mais um outro partido da classe dominante, no caso concreto da banca, da especulação financeira e do grande capital.

Não fazem parte da solução, mas sim do problema.

Cumprimentos
Y la raiz del problema ¿ Dón
Toni Verdu (Unregistered) 2010-07-28 16:42:48

Sere breve, y por ello probablemente esquematico. Por todo lo dicho anteriormente y "mucho más", escrito en multitud de sitios ( webs, libros, etc ), Decimos que ESTO ( las estructuras del capitalismo ) no funciona, hoy ya lo sabemos, estas estructuras conducen al caos una y otra vez, sinó a la desaparición, incluso de la propia humanidad a medio plazo. Pero también es necesario decirlo con toda claridad, a pesar de los claramente socialdemocratas, aquellos que soñaron en el pasado en un proceso de transiciones graduales y acumulativas que deberían llevarnos a un nuevo mundo, el socialismo, HAN FRACASADO, pese que nos duele. No hay paso para atras, el modelo socialdemocrata, de la posguerra, NO ES EXPORTABLE, fué desgraciadamente coyuntural, entre otras muchas razones por las relaciones de explotación que en las relaciones internacionales efectuaba con el resto del mundo. Debe cambiarse de raiz, plantearse si las estructuras organizativas de la producción, destribución y consumo, son el verdadero impedimiento, para salir de este mundo agonizante y autodestructivo. ¿ Por qué se termina la "democracia" en las puertas de la "fabrica" , de las instituciones financieras, etc?. Ya se que no es facil, casi imposible, pero ¿ Qué otro camino hay ?. Digamoslo claramente, este es mi parecer, CREO QUE LA CLVE ESTA EN PROPIEDA PRIVADA, y en la lógica que esta introce en todas las instácias de la sociedad.
UN MAESTRO
Capitalista (Unregistered) 2010-07-28 18:28:25

http://www.youtube.com/watch?v=323hASobGh0

http://www.youtube.com/watch?v=yiBq84Wf_gU

http://www.youtube.com/watch?v=0Q75g4m5Y2Q&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=6PcaciZean4
los estados no son familias
para josé (Unregistered) 2010-07-29 10:13:09

Afortunadamente, los estados no son familias. Tienen herramientas para lograr sus intereses, que tendrían que ir destinados a maximizar la felicidad, inteligencia, convivencia, etc. de la población.
¿Se podría esperar otra cosa
Barrabás (Unregistered) 2010-07-31 11:11:58

Dentro de un sistema capitalista no nos tiene que extrañar que el poder real lo detente el dinero y este, por la propia tendencia del sistema del "libre mercado", tiende a concentrarse en muy pocas manos que acumulan por tanto un inmenso poder.
Las políticas sociales que puedan intentar llevar a cabo los gobiernos, serán aceptadas o toleradas por este poder real suprademocrático, siempre que no sean excesivamente lesivas para sus intereses, para de esta forma gozar de cierta paz social y legitimidad moral para enriquecerse con la explotación del trabajo ajeno o con la apropiación de los recursos naturales del mundo.
Pero lo que no va a consentir bajo ningún concepto el poder del dinero, es que para salir de una crisis económica, tenga que ser él (a pesar de ser el culpable) quién realice el esfuerzo o lo que es lo mismo, cargue con las pérdidas.
No, las sacrificadas serán las políticas sociales, el estado del bienestar y el ya modesto poder adquisitivo de las mayorías.
Explotarán sin pudor la supeditación y dependencia que el poder político tiene del Capital.
Pues no te jode!, para eso vivimos en un sistema capitalista.

Saludos.
¿El fin de la democracia?
Barrabás (Unregistered) 2010-07-31 11:23:29

http://www.youtube.com/watch?v=jmaMxkb5LTs
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