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Publicado en Sistema Digital el 20 de julio de 2009
Cuando los banqueros necesitan algo no hay diferencias
políticas que valgan. Se descuelgan unos cuantos teléfonos y a mandar, que para
eso estamos. Todas las descalificaciones que ha venido realizando el Partido
Popular, incluidas las últimas payasadas de Aznar sobre las causas de las
crisis bancarias, se han desvanecido, eso sí, "críticamente", cuando
ha habido que votar en el parlamento el denominado Fondo para la
Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). Lo que le conviene e iba buscando la banca para hacer frente
de modo sigiloso a los problemas que ella misma ha creado pero cuyos costes no
está dispuesta a pagar de su bolsillo.
En mi opinión, no es una buena respuesta a la opaca
situación en la que se encuentra nuestro sistema bancario.
Principalmente significa dar "manos libres" al
Banco de España y esto, aunque se acepte como una especie de mandamiento
inexcusable, no es más que la manifestación de que nuestra democracia es una
democracia limitada porque la deliberación y la participación de los ciudadanos
no llega a donde está el dinero, lo que significa que no tienen nada que decir
sobre las cuestiones de las que en realidad depende su bienestar y sus
condiciones de vida. Como ha explicado claramente en esta misma página Vicenç
Navarro el Banco de España es responsable del desempleo que sufre nuestra
economía y es fácil adivinar las consecuencias de dejar que los recursos que se
suponen que han de salvar a los bancos se apliquen a partir de sus principios
liberales.
El dinero del fondo es de los españoles y por eso debería
estar sometido al mismo debate y control que cualquier otro recurso público y
no debería ponerse a disposición de los banqueros sin más, sobre todo, porque
ya hemos podido comprobar hasta qué punto su comportamiento es irresponsable y
capaz de destrozar la economía.
Seguramente, España esté siendo en estos momentos el país
que ha hecho y esté haciendo un esfuerzo mayor en relación con su PIB para
rescatar directa o indirectamente a su sistema financiero (a pesar de que su
crisis aún no se ha manifestado en toda su crudeza y extensión) y, sin embargo,
es muy posible que sea también en donde la situación de los bancos se ha
abordado con menos transparencia. ¿Cómo es posible que nos quedemos tan
tranquilos o que aceptemos sin rechistar que se pongan miles de millones de
nuestros euros al servicio de la banca sin que previamente se haya hecho un
diagnóstico de lo que verdaderamente le ocurre? Y si se ha hecho, ¿cómo es que
nada de eso se puede saber? ¿cómo creer que su situación es ejemplar si al
mismo tiempo se reclaman ayudas multimillonarias? Y si no lo es, ¿cómo poner
dinero sin conocer las causas y a los responsables del problema, sin analizar
lo que haya podido provocar la situación cuya solución resulta ahora tan
onerosa para los contribuyentes? ¿Es lógico utilizar por las buenas el dinero
de los ciudadanos para dárselo a bancos o cajas que en lugar de financiar a las
empresas y a los consumidores se dedican a abrir sucursales o a comprar bancos
en otros países, a amortizar la deuda con la que han obtenido rentabilidades
altísimas, aunque socialmente irresponsables, a moverlo en paraísos fiscales, a
seguir especulando en los mercados internacionales, o, aunque sea solo una pura
expresión simbólica pero significativa, a financiar la compra de futbolistas
millonarios?
El Fondo va a dedicarse a reordenar el sistema financiero,
lo que en román paladino significa que va a financiar la concentración bancaria
mediante fusiones y absorciones que lógicamente desean y siempre van buscando
los bancos de más dimensión para ganar mercados (o incluso los virreyes de las
cajas para seguir en sus poltronas). Pero eso no es nada neutral. Por un lado,
esconde, como tendremos oportunidad de ver, lo que llaman la "despolitización"
de las cajas que en realidad va a suponer que los intereses sociales tengan una
representación mucho más limitada.
Se puede tener la valoración que se quiera del papel que han
tenido las autonomías, los ayuntamientos y los partidos en la gestión de estas
entidades. Y muy posiblemente se pueda concluir que no ha sido precisamente
ejemplar desde el punto de vista de la transparencia ni el mejor para fomentar
el desarrollo integral y sostenible de nuestra economía. Pero eso no puede
llevar a intervenir por la puerta de atrás, bordeándose las leyes generales e
incluso la propia Constitución.
Por otro lado, la reordenación que persigue el Fondo (o
mejor dicho, que persigue la banca) en realidad está dirigida a recapitalizar
bancos proporcionando a los más poderosos un reparto del mercado mucho más
favorable sin que tengan que fotografiarse y enseñar las vergüenzas acumuladas
en estos años anteriores de alegría financiera.
Se pone en marcha este proceso de concentración sin valorar
previamente los efectos que va a tener sobre la competencia y sin considerar, o
al menos sin plantear públicamente, que el mayor tamaño de las entidades
bancarias no ha sido precisamente una garantía de seguridad y solvencias
financieras sino más bien todo lo contrario. Lo que puede provocar que con este
fondo se financie precisamente una reordenación del mercado que, sin la
regulación más estricta que es de todo punto necesaria, puede provocar a medio
plazo nuevos problemas bancarios de mayor envergadura. Un remedio, quizá, peor
que la enfermedad.
Y, sobre todo, se pone en marcha el Fondo y los recursos sin
tener en cuenta lo que ha sucedido con los que hasta ahora se han movilizado,
sin previsiones sobre su impacto real y, lo que quizá sea más importante, sin
que las autoridades monetarias hayan dado ni un solo paso decisivo y
contundente para poner en marcha una nueva regulación, un nuevo orden
financiero que evite los males de fondo que han provocado la crisis.
Es natural que los bancos hayan dado la bienvenida al fondo,
a su fondo. Ellos sabrán lo que han tenido que hacer en los entresijos para
lograr salir de la situación que han creado prácticamente sin despeinarse. Pero
no creo que la solución adoptada dé la necesaria seguridad financiera a los
ciudadanos y a las empresas. La banca se ha vuelto a llevar el gato al agua.
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