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Publicado en Rebelión el 31 de julio de 2006
El Tribunal Supremo español acaba de declarar inocente a Emilio Botín,
el banquero más rico e influyente de España, del delito de apropiación
indebida y administración desleal del que lo acusaron varios
accionistas del Banco de Santander que preside.
Año
atrás, y para facilitar su salida del banco, Botín concedió al ex
copresidente de la entidad, José María Amusátegui, y al ex consejero
delegado, Ángel Corcóstegui, sendas indemnizaciones de 43,5 y 108
millones de euros, cantidades que los querellantes consideraron
desorbitadas y que suponían un quebranto ilegal del patrimonio del
banco.
Ahora, el Tribunal Supremo estima que no se ha
producido delito porque los demás consejeros estuvieron informados,
porque de esas indemnizaciones millonarias dice que no cabe inferir
lesión alguna para las finanzas del banco y, sobre todo, porque
entiende que se trata de retribuciones que se hacen según criterios de
mercado.
Pero la sentencia es realmente singular y
significativa porque contiene algunos juicios que suponen una flagrante
condena moral del banquero multimillonario.
Por un lado,
establece que el pago millonario por jubilaciones a sus ex ejecutivos
no es constitutivo de delito alguno porque "no existen topes máximos”.
Pero inmediatamente indica que, aunque este tipo de topes no exista “sí
los hay éticos y de sensibilidad social, que aquí quedan
ostensiblemente transgredidos”. Lo que ocurre, dice más adelante es que
“no es función de este Tribunal penal suplir los mecanismos de
funcionamiento del mercado financiero".
Los jueces no pueden
hacer otra cosa que aplicar las leyes vigentes pero en ocasiones como
esta sus sentencias sirven para mostrar a la sociedad que las leyes,
como en este caso, no permiten sancionar lo que en realidad es
contrario a la ética y repugnante.
¿Para qué sirven las leyes,
a quién benefician sino a los inmorales, si no condenan aquello que
transgrede ostensiblemente la ética y la sensibilidad social? Si no
condenan eso ¿qué es, entonces, lo que deben condenar las normas
penales? ¿qué debería decir la ley para que se pueda condenar a un
banquero cuando su conducta repugna a la sociedad o transgrede a la
ética, que la apropiación indebida sólo lo es cuando se realiza a mano
armada o a los mandos de un Panzer alemán?
Es importante
también destacar que la sentencia apunta que no es función del tribunal
suplir los mecanismos del mercado financiero. Es verdad, pero eso debe
llevar a plantear por qué nuestras leyes no parece que estén dispuestas
a plantear si es que en el mercado financiero se puede hacer cualquier
cosa, si por el hecho de que allí se asiente hoy día el poder más
inmenso puede actuar como un espacio social ajeno a la ética más
elemental y a los valores sociales que, sin embargo, se le exigen al
común de los ciudadanos.
El Tribunal Supremo da una pista
cuando señala que el Banco de España, "como entidad pública que
supervisa e inspecciona la actividad bancaria, tiene competencia para
fijar límites orientativos a este tipo de percepciones multimillonarias
que pueden repugnar socialmente".
También lleva razón, pero el juicio del Tribunal Supremo es bastante ingenuo.
Efectivamente,
la máxima autoridad podría poner límite a este tipo de inmoralidades
que pueden y efectivamente repugnan a la inmensa mayoría de la sociedad
... si no fuera porque quienes gobiernan los bancos centrales están más
preocupados por las subidas salariales de los trabajadores que por los
sueldos de los banqueros. No paran de reclamar moderación salarial a
los que menos tienen mientras callan y favorecen la percepción de
rentas multimillonarias de los ya de por sí más enriquecidos. La tarea
a la que efectivamente se vienen dedicando los bancos centrales es la
imponer las políticas que están provocando más desigualdad y mayores
privilegios para los ricos y es una obviedad que, ocupados día a día en
ese cometido, no sienten la más mínima repugnancia hacia las rentas
multimillonarias de los especuladores, banqueros y demás gente de
malvivir. Como es igualmente obvio (porque si no actuarían para
combatirlo, como indica el tribunal Supremo) que tampoco les preocupan
para nada las implicaciones éticas de esas conductas financieras
inmorales.
Finalmente, me parece importante subrayar que, aunque
sea de pasada, la sentencia da una pista importante cuando dice que "es
el mercado el que marca las circunstancias concurrentes en un círculo
muy reducido de profesionales (financieros, deportistas, artistas,
comunicadores, etc.), que perciben retribuciones multimillonarias, hoy
día extramuros del derecho penal".
En realidad no es el
mercado como un abstracto quien proporciona esas retribuciones.
Casualmente, la inmensa mayoría de los deportistas, los artistas, los
comunicadores y los financieros de los que habla la sentencia reciben
esas retribuciones de empresas que, a su vez, suelen estar controladas
más o menos directamente ¡por los propios financieros!. El mercado no
es, pues, el origen de esos hechos que repugnan sino la voluntad
convertida en práctica social y política de los poderosos.
Pero,
con independencia de ello, me parece importante destacar este último
“hoy día” del párrafo anterior de la sentencia. Es una expresión
realista e inteligente porque no podemos pensar, ni mucho menos, que
las sociedades modernas tengan siempre que permanecer (como “hoy día)
desarmadas ante la inmoral naturaleza del negocio bancario y financiero
de nuestra época.
Cada vez con más frecuencia descubrimos que
los banqueros de todo el mundo son las personas, con nombres y
apellidos como es natural, que mueven los hilos de los negocios más
sucios, de las operaciones económicas más económicas, aberrantes y
hasta tantas veces sangrientas, de los fraudes más costosos y
criminales...
Dueños del dinero, tienen más poder que nadie y
se permiten hacer lo que les place. Como bien expresa esta sentencia,
las personas privilegiadas puede hacer lo que repugna a la sociedad sin
que ésta puede condenarlos, pueden situarse al margen de la ética,
realizar a cada día negocios inmorales, o robar y estafar sin descanso
a los ciudadanos sin tener que preocuparse en lo más mínimo de los
efectos de sus conductas.
La sentencia absuelve a Botín pero
significa una condena moral sin precedentes y hay que exigir que los
gobiernos y los partidos decentes propongan la reforma de las leyes
penales para que se condenen también las actuaciones repugnantes de los
banqueros y multimillonarios que actúan sin ética ni responsabilidad
social alguna.
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